PASÓ EN SHOREDITCH CHURCH
Cuentan los ecos de la luz y el moho
que los vieron amarse en una callejuela.
Al caminar dejaban un recuerdo que la piedra se bebía,
y hoy que solo queda el tiempo juntos derramado en el suelo,
sufre reblandecida por un amor que no le corresponde.
Las aguas del río se marean de tanta melancolía,
se cansan de escuchar cómo gime el mármol,
las grietas tampoco desean ver abrirse el vuelo,
que de viejo, caerá muerto sobre el lecho donde riela el cielo.
¡Todo, todo se agita!
Los trenes subterráneos se escabullen entre el polvo,
y enternecidos, rumoran los ratones el por qué de tal afán:
Pareciera que una gota de río huebiese infectado de rosa
el metal de los que nunca se enamoran.
Hasta el viento busca guarida en algún túnel,
sin darse cuenta que lleva un beso colgado en el lomo
y en sus hilos una maldición que proveniene de la piedra
que busca en la zuela de culquier zapato el rastro de aquel beso.
Finalmente, como un pétalo que se desliza en el aire
cae el beso entre la gente:
Dicen que unos oyeron sus últimas palabras,
y otros hablan de su dolido silencio;
mas no se sabe si cerró los ojos,
o los dejó abiertos al exclamar su último aliento.
La verdad solo se sabe hoy que llora la piedra,
volando la muerte entre las aguas van un par de alas,
que huyen los trenes hacia el fin de la memoria,
y todo cortesía de un solo culpable:
Pues luego que acompañado alguna vez visité esa callejuela,
hoy, solitario, sin el eco, ni la luz, ni un testigo,
yace hecho roca mi corazón atado a tu retrato.
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