a su vestir alagar una prenda,
su buzo, su bufanda, sus pendientes que juegan con la camisura,
tal vez porque existe timidez en enfocar la totalidad de su belleza;
(del prado señorial, un botón que aflora).
Y ella en postín se ciñe al corpiño,
y comenta:
-y en mí, que no tengo lindo-,
Un encimar por causa
–y con razón-
por referirme en corto requiebro a tan divina mujer.
-En mí, que no tengo lindo- dice ella,
No encontrando yo más veracidad a coletilla por pertinente y engreída,
Y en convite al parlanchín, ella por velo y vacilación, se sonroja, baja el rostro y se gira,
Y yo por rebuzno, me marcho al dar hoy el cumplido a sus polainas.
Pero aprieto el puño… y con ahínco en el diafragma,
Me doy vuelta, y sin tarareos y entonando el canturreo;
digo valiente y brioso de antebrazo:
-Linda, bella, bonita, mi hermosa, mil veces encantadora,
Eres madrigal, lágrima y copla,
Soy hálito y utopía al costado de tu cadera,
Eres fuego, soneto y esquela,
Eres admirable al pormenor del cincel de Miguel Ángel,
Y a orilla del brillo, eres ternura, atributo y risotada de un ángel.
Pero sin sospecha a su desposado, de cachiporra y trancazo,
me retiro triste con el rostro gacho,
y maldiciendo mi fortuna, también encubro el ojo morado.
PURGA
Y me quiero cansar Ya de tanto pensarte,
porque te nombro y te enumero cuando voy y cuando vengo,
en el rendimiento y cuando pauso,
en lo lóbrego, en el pórtico, en lo velado, en la galería, en el patio y en el recoveco,
y cuando estoy alterado por barajustes, menoscabos y averías,
en el compás de un popurrí y en la algarabía de alguna fanfarria.
Te pienso, cuando
al punto de una alegría y al denominar un despilfarro,
en el despeñadero para concluir esta vida sin razones
y en la penitencia de las decisiones,
en el tiempo de optar medidas,
en la bizantina discusión con el juicio,
en el minuto que todos atestiguan mi demencia,
cuando compagino con sátiros al divisar unas fascinantes caderas,
en el balbuceo al caminar inadvertido,
y cuando en vanidad los surcos de mi melena están al pelo.
Y me quiero cansar
Porque te pienso en la calle, en el cruce, en el paso, en la salida y en el sendero,
En el momento que cargo la merienda,
te pienso cuando al labio traigo una flor, o un turrón, o un cigarro,
un madrigal, una epístola o una honra,
Cuando procedo con una mueca de contento, o izo un guiño de mala pasada.
Estoy a reventar de ti,
Porque tengo necesidad, penuria y escases,
Deambulo cadavérico y desencajado,
Estoy famélico y endeudado, ávido de un bocadillo y de un trago,
Y me quiero cansar ya de tanto pensarte;
Pues hoy se cumple dos meses que no te veo,
y de cuando me hiciste aquel gesto triste y desconsolado,
para yo accediera a prestarte dinero.
Y TAN SOLO PODEMOS SUSPIRAR
…Dicen tal vez: “dichosos los poetas que todo lo pueden expresar”
…y nosotros, los míseros poetas, temblando en las riveras de la mar,
vemos la inexpresable maravilla… ¡y tan solo pudimos suspirar!
Porfirio Barba Jacob
Tú no sabes de qué trata todo esto,
No sabes de qué trata mi paso al no aligerar bajo la lluvia,
No entiendes el cadencioso minuto de la hojarasca ante los suspiros de otoño,
No sabes porque la lágrima en unos ojos delicados me parece de tan dotada hermosura,
No entiendes mi distracción con el anciano, cuando él divaga con palomas,
No sabes de qué trata el retiro en la silla de un parque; y contemplar y contemplar.
No, no lo sabes.
De fijo ¿Eres poeta? Me preguntaras… quién sabe acaso, por ventura quizá,
o posiblemente a lo mejor.
Pero tal vez pudiera explicarte una cosa, u otra o algo sencillo,
una sospecha, un botón, un pimpollo, un brote, o una mueca que tu corazón contrate:
confesarte mi realidad y mi presidio, el fin y los motivos,
el titubeo como lenguaje,
y la vacilación como una serie de combinaciones para legalizar credos.
Pero no sabría que exponerte de estos callejones, de estos tejidos,
pecaría de ignorancia al definir colores, visos o la estampa de mi pluma,
cómo saber al dedillo el precisar sobre reflexiones, repasos y abstractos.
y no me gustaría que descifres el total equilibrio de mis frases,
no querría que me encierres o me esclavices en una emoción;
no quiero evidenciar el acero, ni tampoco enfundar la espada.
Claro está que sería conveniente que me acompañaras a transitar por esos pasajes fértiles, en que la fantasía regodea con realidades trazando escenarios,
donde la razón no tiene dadiva por contexto ni cabida por argumento.
Me gustaría que me acompañaras y prestaras atención a esos numerosos instantes; como la sucesiva carcajada de aquel niño ignorado por los adultos, retozando en un recodo del recinto entre la pira de su imaginación,
O la interminable charla de aquella madre con su hijo en preñez, que a pesar de la unión entrañable, se urgen de un abrazo,
O la mirada del viejo con su paso lento de paticas chuecas, que comiendo nueces suspira por no haber alcanzado mucho más.
Y todo esto porque también me gustaría dar parte sobre tus delirios y quimeras, dar cuenta del porque en la charla más amable, alguien comenta sobre el amor, y tu silenciosa bajas el rostro, y te retiras.